La idea de ir a terapia de pareja espanta a varios. «No necesitamos de un terapeuta, podemos (y tenemos que) arreglar las cosas nosotros mismos». Las parejas a menudo tienen la idea de que serán juzgados por el terapeuta y eso les causa desconfianza y rechazo. Y también temor de descubrir que algo falla. Por eso prefieren minimizar el problema: no sabrían qué hacer si un conflicto grave se develara. ¿Cuándo una pareja podría beneficiarse de una terapia? Sí, cuando hay problemas. Pero también cuando algo deja de fluir. Puede ser muy positivo para alimentar el vínculo, la confianza y la comunicación. Es como hacerle mantenimiento a la relación. Una terapia de pareja funciona no sólo para cuando hay problemas serios sino cuando ha habido alguna desconexión entre ambos, cuando se pelean mucho, o cuando han dejado de hablarse de sus sentimientos. Cuando lo que uno expresa el otro no lo entiende, o cuando alguno no expresa nada. El terapeuta es como el traductor, el que les recuerda que no es una batalla donde alguien gana y alguien pierde, sino que están ambos del mismo lado. El que vela por el vínculo más que por uno u otro. Como bien dice una frase que circula por estos días en Facebook, «no hace terapia quien tiene problemas. Problemas los tiene todo el mundo.
Hace terapia quien quiere resolverlos». Ir a terapia de pareja no refleja el fracaso de la pareja, por el contrario, la fortaleza de querer afrontar y resolver todo juntos. Fuente: Revista Viù, Año 3, N° 118, pág. 28
El acto es tan íntimo que refuerza los lazos entre las personas. Un abrazo puede ser tremendamente curativo si se da de corazón. El contacto físico con un ser querido es capaz de activar nuestro centro de recompensas cerebral, de la misma forma que lo hace la comida o el sexo, y producirnos una enorme sensación de placer. Evolutivamente, estamos programados para ello, nuestra historia humana ha creado la necesidad del contacto con los otros para sobrevivir. Cuando nos fundimos en un abrazo con un ser querido, nos invade una sensación de satisfacción, gracias a la segregación en nuestro cerebro de vasopresina, una hormona implicada en el establecimiento de lazos sociales. El abrazo es una forma de dar entrada al otro, porque es dejar que alguien toque mi intimidad. Y eso implica aceptación propia y del otro”, afirmó la psicóloga Mercè Conangla. Fuente: Revisa Quo