miércoles, 15 de abril de 2015

LA COMPETENCIA EN LAS PAREJAS


Cuando las parejas establecen un esquema de relación basado en la competencia, tienden a estar menos interesados en el avance del otro; piensan más en sus intereses particulares, reconocen menos las cualidades y virtudes de su pareja e ignoran o subestiman su ayuda.

Con frecuencia, la competencia se traduce en señalar un vencedor y un vencido, lo que es percibido por el otro como una confrontación o una amenaza que lo pone en condiciones poco favorables, y provoca reacciones negativas dentro de la pareja y crea confrontación y distanciamiento. 

Competir con la persona que se ha elegido para compartir la vida, en aspectos como quién recibe ingresos más altos, tiene un mejor cargo, es más exitoso con los amigos, e incluso en áreas altamente sensibles como el desempeño sexual o quién goza de mayor admiración y afecto de los hijos, resulta altamente nocivo para la relación y pone a la pareja en el riesgo de entrar en juegos de poder que pueden afectar gravemente la dinámica de la relación. 

Cómo lograr el equilibrio 

- Realizar una reflexión constante para identificar actitudes competitivas propias. 
- Emprender juntos proyectos que fomenten el compañerismo y la reciprocidad. - Tener liderazgo en la relación no implica ver al otro como un rival al que hay que superar. 
-Evaluar qué hay detrás de una actitud competitiva. A veces, para mostrar a la pareja maneras distintas de hacer las cosas o también para compensar un déficit en la relación. 
- Valorar otros aspectos, como la estabilidad emocional, el apoyo o la guía que da la pareja. 
- Hablar con la pareja sobre las expectativas frente a lo que aporta cada uno a la relación. 
- Poner en claro las prioridades profesionales y laborales de cada uno. 

Por: MARÍA HELENA LÓPEZ, Psicóloga familiar 

Las buenas relaciones no son las que compiten entre sí sino las que se complementan. 
La competencia no es imprescindible, lo importante es ayudar, dar amor y hacer la vida feliz a los demás.